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No hay futuro

Hay una sobadísima frase de Oscar Wilde que dice lo siguiente: “no soy tan joven como para saberlo todo”.

Quizá esa sentencia les suene conocida aún sin haber leído a Wilde porque es más o menos común que gente ordinaria que quiere parecer interesante la ponga en sus muros de Facebook, yo mismo la he cogido de ahí. En más de una ocasión me he dado la vuelta abatido por el aburrimiento y la falta de atención en conversaciones en donde las personas hablan como si no conocieran la duda: alguien que está seguro de sí mismo sólo parece querer convencernos de su propia estupidez. Aunque los jóvenes son más proclives a este tipo de verborrea lapidaria, también hay viejos borrachos por ahí escupiendo pendejadas como si fueran aforismos: viejos, hombres y jóvenes se pelean como sólo los cobardes saben hacerlo: a través de las palabras, ya nadie tiene una buena derecha.

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Recuerdo mi infancia en la provincia como un paraíso (hay que conformarse con eso en la vida), un poco más allá pasando la pubertad me parecía yo más a tiempo y con los años, por desgracia, terminé pareciéndome más a mis padres, ninguna de estas etapas me vergüenza. ¿Para qué preocuparse demasiado? A largo plazo nadie tiene futuro y los secretos también se los comen los gusanos. Quise un futuro alguna vez y hoy sólo me conformo con un presente: me levanto todos los días a la misma hora, me pongo una camisa con una valor de algunos salarios mínimos, loción, me acomodo pacientemente un hermoso par de zapatos bostonianos y después me voy a mi oficina.

El adolescente punk que fui se sentiría muy orgulloso del peón del sistema que soy hoy en día. Naces, creces, te rebelas, compras un montón de basura, te reproduces y mueres. El artista Dan Graham afirmaba que los rockeros punk no eran obreros rebeldes, sino que eran jóvenes y que la juventud es la clase consumidora por excelencia del capitalismo tardío: entre más punk, más consumes, y entre más consumes, más dinero necesitas. Por eso me sorprendo cuando leo en un periódico que un grupo de punks “fundamentalistas” desgarran sus ya de por sí desgarradas vestiduras al enterarse de que el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York dedica una exposición a su escena en donde personajes de la alta costura (o como le llamen a la mierda que hacen Versace, Karl Lagerfeld o Alexander McQueen ) muestran sus creaciones inspiradas en eso.

El cubierto para dicho evento costaba 25,000 dólares. ¿No era eso una consecuencia lógica de su disparate? ¿Qué no se sabe ya de antemano que el capitalismo tiene un buen lugar incluso para sus enemigos? Bueno, no los podemos culpar del todo, los hippies eran mucho peores, en lugar de odiar, ellos prefirieron amar a muerte el Establishment, prefirieron ir directo al matadero poniendo margaritas en los cañones de los soldados. Cuánta gracia me hubiera hecho que a uno de esos soldados se le hubiera disparado un tiro al momento.

Estos punk parecen estar enojados por algo, con algo, con alguien, son generosos en sus odios, pero poco les durará: muchos de ellos terminarán bebiendo con la gente que llegaron odiar durante la juventud, intercambiando favores con ellos y lo peor, llegarán a hacerse amigos de sus antiguos enemigos. Porque eso a lo que ellos llaman “sistema” está aburridísimo de engañarlos, eso ya no funciona, prefiere dejar que ellos se engañen a sí mismos.

Pero basta de resentimientos: amigo rebelde, acércate a nosotros, te voy a presentar a esta amiga mía actriz de las telenovelas que veían tus tías, te invito a la fiesta, tú di que vienes conmigo.

¿Qué?

¡Claro, aquí todo es gratis para ti, los tragos, la droga! Te van a encantar tus nuevos amigos, ya verás.. nosotros somos el Establishment.

@balmori

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